A los 94 años, murió por la infección causada por el coronavirus el ingeniero Rafael Kohanoff, director del Centro de Tecnologías para la Salud y la Discapacidad del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), inventor multifacético, quien hasta último momento impulsó proyectos para mejorar la calidad de vida de las personas.

“Tengo claro que los graves problemas, la angustia, incertidumbre y tragedias que genera el coronavirus exigen responsabilidades con acciones de asistencia inmediata y urgente; que nuestro gobierno la está afrontando intensamente, con buena parte de la sociedad comprendiendo y apoyándolo a pesar de la actitud de sectores minoritarios que no quieren comprender o prefieren ignorar la profundidad de la crisis y el drama de las personas de bajos recursos, o que ponen intereses personales y sectoriales por encima del bien común”, escribía Kohanoff en mayo de este año como parte de una nota pública que hizo circular entre varios sectores.

En los últimos años, su carrera se había enfocado en buscar ayudar a resolver algunas cuestiones cotidianas que para ciertas personas resulta una odisea.

“Hay un montón de problemas, la buena noticia es que esto se puede hacer simplemente pensando. Hay que mirar cuál es la necesidad, el problema y ver la manera de solucionarlo de manera sencilla y accesible”, solía decir Rafae, revelando que este impulso lo sintió tras una visita a un geriátrico.

“Fui a un hogar y una señora me pidió algo para los bastones, que se caen cada vez que se apoya. Cuando vuelvo le pido a los chicos del INTI que busquen en internet qué había y surge el ‘apoya bastón´, novedad en el mundo”, recordaba. E invitaba a la reflexión: “Hace 5 mil años que existe el bastón y todos hemos visto que se cae y a nadie se le ocurrió hacer algo. Los mayores no pueden caerse por querer levantarlo del piso y nadie hizo nada. ¿Qué pasa? ¿No nos cuidan? ¿No nos quieren?”.

Kohanoff o “Tuta” para sus seres queridos, nació en la localidad chaqueña de Charata, en 1925, en el seno de una familia de inmigrantes ucranianos y tuvo una vida itinerante e hiperactiva: estudió ingeniería química en alimentos, tuvo siete hijos, tiene siete nietos y siete bisnietos.

Pese a que fue funcionario de los gobiernos de Cámpora, Perón, Alfonsín y De la Rúa, renunció voluntariamente a cualquier jubilación de privilegio y actualmente trabaja en el INTI, elaborando innovaciones para mejorar la vida cotidiana de los adultos mayores y otras personas con problemas de movilidad y motricidad.

Su secreto para llegar a los 94 -los cumplió el 10 de octubre- activo y saludable, según sus palabras, “no es comer sano ni hacer mucho ejercicio, sino tener un proyecto de vida, que te de ganas de vivir”.

De su extensa carrera profesional, se destaca la creación de más de 10 empresas privadas (entre ellas, la célebre fábrica de calzado Skippy), la exportación de tecnologías a América latina, la colaboración en distintas gestiones de gobierno y la dirección del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) entre 1972 y 1974.

A los 77 años, Rafael decidió volver al INTI, en donde actualmente continúa trabajando. ¿Para qué? “Estamos haciendo algo revolucionario: juntar la tecnología, la salud y la educación para ser partícipes en la construcción de este país, para mejorar la vida de todos, y para volver a recuperar la participación de las pymes en el producto bruto”, contó el propio Kohanoff sobre la labor que desarrollan desde este Centro.

“En el país existen más de 4 millones de personas con discapacidad y para ellos trabajamos”, sumó.

Reconociendo que su principal aprendizaje fue haber encontrado el sentido de la vida en ayudar al otro, Kohanoff ha sido distinguido a nivel nacional e internacional en numerosas oportunidades. Entre las distinciones recibidas se destacan la Mención de Honor “Senador Domingo Faustino Sarmiento” otorgada por la Honorable Cámara del Senado de la Nación; la designación como “Mayor Notable” por parte de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación; “Porteño Mayor Destacado 2012” por la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires; y, entre otros, el Premio Trayectoria otorgado por su carrera en 2009 por la Universidad Isalud.

En Telefé Noticias, el año pasado, le hicieron un reportaje en el que repasó su vida. Se los compartimos:

 

“TRABAJAMOS PARA LA VIDA”

En octubre del año pasado, su historia de vida alcanzó la popularidad tras participar del programa de Telefé “Quién quiere ser millonario”, convirtiéndose en el participante más longevo del formato en todo el mundo.

“Antes sabíamos que el cerebro te hacía pensar, pero ahora se descubrió que tu pensamiento actúa sobre tu cerebro. Si tenés pensamientos virtuosos, alegres, eso te hace sentir bien y tu vida se extiende. Me dí cuenta que en mi vida siempre trabajé en positivo, siempre tuve proyectos, amo la vida y amo a la gente”, dijo en ese envío en el que, entre anécdotas de su vida, y un sólido conocimiento, se llevó 180 mil pesos.

Al despedirse, Rafael ofreció el secreto para tanta juventud de espíritu: “Hace poco una sobrina me preguntó: ‘tío, ¿vos pensás en la muerte?, y la verdad es que nunca se me ocurrió. ¿para qué si una vez que me muera no voy a saber nada de nada. Trabajamos para la vida”.