En la madrugada de ayer, falleció Héctor Atilio Delmar, a los 93 años, tras haber estado internado por un cuadro respiratorio durante unos días, en un sanatorio platense. Popularmente conocido como Cacho, es parte fundamental de la historia de Gimnasia Esgrima de La Plata, club del que fue Presidente durante cinco períodos, para muchos el mejor dirigente de la institución tripero, pero también un personaje relevante de la Ciudad.

En septiembre de 2017, en Lazos de la Red Mayor, publicamos su historia de vida, una vida de película contada por capítulos en la que el fútbol fue solo una parte. Cacho, venía de tirar la casa por la ventana con el festejo que su familia le organizó por sus noventa años, en el que pudo reunir a muchas de las amistades de diferentes ámbitos que logró cosechar durante toda su vida.

En su homenaje, decidimos compartirles la entrevista, realizada por María Virginia Bruno, en el que Cachó contó sobre su infancia, juventud y familia; sobre cómo conoció al amor de su vida; sus vínculos con los personajes más reconocidos de la farándula nacional e internacional -desde Fangio hasta Favaloro y Serrat- y en el que ya tenía hecho un balance de tantos años de aventura.

“En mi vida he sido muy feliz”, dijo en aquel entonces y así, claro, titulamos el artículo que aquí les compartimos:

 

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Cacho Delmar 

“En la vida he sido muy feliz”

A los 90 años, Héctor Atilio abre las puertas de su casa para contar anécdotas sobre vida de película, entre el fútbol, la moda, los viajes y el jet-set

 

María Virginia Bruno

Hay cosas que en la vida nunca cambian. La elegancia, en Héctor Atilio Delmar, es una de ellas. Perfumado con aromas que no se respiran en el país, y una camisa con sus iniciales bordadas, Cacho abre las puertas de su hogar y comparte, una vez más, algunos aspectos de su aventurada vida, entre la moda, el fútbol, los viajes y el jet-set nacional e internacional. A los 90 años, quien fuera elegido Presidente de Gimnasia en cinco oportunidades, pasa sus días grabando las historias de vida que llenarán el libro que planea editar porque si hay algo que no le faltan son anécdotas: tiene las mil y una… y más. 

Emblemática figura de la ciudad, el respeto no lo recibe únicamente del club que dirigió durante más de una década, doce para ser exactos. El año pasado, por iniciativa de un concejal que es además directivo de Estudiantes, Julio Irureta, fue declarado Ciudadano Ilustre de La Plata, sin dudas, uno de los mayores logros de su vida. 

El otro, asegura, es el poder seguir yendo a la cancha a ver al Lobo, y mezclarse con la hinchada como si fuera uno más, algo que no muchos pueden ostentar.  Se emociona Cacho cuando habla del cariño que le demuestra la gente en ese estadio en el que Gimnasia, bajo su dirigencia, levantó la celebrada Copa Centenario. 

Hijo de una madre pantalonera y de una padre dedicado al negocio de radios y colocación de antenas, nació en 1927 y pasó sus primeros años en Ensenada. A los cinco se mudó con su familia a La Plata en donde su papá se asoció con la Tienda Montequín que, desde 1946, pasaría a llamarse Delmar.

Ubicada en 7 entre 47 y 48, en un enorme local de 20×50, la casa vistió durante 51 años a varias generaciones de platenses, hasta que los avatares de la economía la llevaron al cierre definitivo a fines del ’97.

Cacho, que hizo la primaria en la Anexa y el secundario en el Nacional, iba a seguir los pasos de su hermano mayor para dedicarse a la Medicina pero un inconveniente con la salud de su padre lo llevó a relegar su formación universitaria para asumir responsabilidades importantes en el negocio familiar.  “Papá fue muy fumador, y pagó las consecuencias. Yo nunca fumé un cigarrillo en mi vida”, celebra, quien indicó haber sido “un buen alumno, pero no brillante”, y recuerda que la única materia que se llevó fue matemática, en segundo año, a cargo del profesor Ojeda. 

Consolidada no sólo a nivel local sino también nacional, los tradicionales desfiles de modelos con los que la tienda solía promocionar sus colecciones durante los años setenta no sólo movilizaban multitudes sino que fueron la primera pasarela de muchas figuras que más tarde cobraron gran trascendencia como Susana Giménez, Teresa Calandra, Karin Pistarini, Evelyn Slide, Mora Furtado. También, claro, estaba Teté Coustarot, una especie de ahijada artística de Delmar.

Otra que frecuentaba los desfiles de la tienda era Mirtha Legrand, con quien Cacho todavía guarda una preciada amistad. “Venía a todos los desfiles. Me acuerdo uno en particular que fue el que hicimos por los 25 años de la tienda. Hicimos cuatro desfiles, dos el sábado y dos el domingo, al que fueron 2500 personas en cada uno. Y con entrada gratis”, rememora.

Otra amistad que forjó en estas nueve décadas fue con Joan Manuel Serrat. “Es muy amigo nuestro. Lo conocí en el año 70, nosotros estábamos veraneando en Punta del Este y él hacía su primer viaje a Uruguay. Mis hijas eran fanáticas. Y nos conocimos ahí, y desde entonces no hemos dejado de estar en contacto. Cada vez que viene a Argentina nos llama para saludar”, cuenta, y recuerda que la primera vez que vino a cantar a La Plata fue en Macondo, un recital al que Cacho fue acompañado de Susana Giménez.

GRACIAS A LA TIENDA, EL AMOR

Pero lo más importante que le dio la tienda, sin dudas, fue la posibilidad de haber conocido a su mujer, María Nélida Amado.

Nacida en Balcarce, María Nélida había sido reina de la belleza en su ciudad y trabajaba en Metropol, una tienda de ropa que comercializaba Suixtil, la indumentaria que vestía a Fangio por aquel entonces. Coincidentemente, la tienda Delmar también vendía esa marca que usaba el enorme piloto, con quien Cacho también se relacionó.

La cuestión fue que un día, el dueño de la famosa marca llamó al Delmar para pedirle ayuda con “una chica que viajaba desde Balcarce con la madre para un concurso de belleza”, que resultó ser María Nélida.

“Cuando la conocí estaba con la madre. Mi suegra era una guardiana, eran otras épocas. Yo les di una mano en lo que pude y después se fueron a Buenos Aires. Pero cuando volvieron, empezamos a charlar. Y nos empezamos a comunicar por cartas y en un momento ella me dijo ‘mirá, yo no puedo verme con vos si me padre no sabe’. Entonces yo le dije que no tenía problema de ir a hablar con él. Así que un día  fui con mi padre y dos dirigentes radicales, que llevé como apoyo, para que vean que no era un atorrante. Y como mi suegro era radical… ¡salió todo bien! Se la pasaron tomando cognac”. Ese fue, para Cacho y María Nélida, el comienzo de todo. “Nos escribíamos siempre, y una vez por mes la iba a visitar aunque me quedaba en un hotel”, aclara, y agrega que con el multicampeón mundial del automovilismo ha hecho varias veces el trayecto La Plata Balcarce. “Fangio me llevaba a ver a mi novia”, cuenta.

De ese amor nacieron sus tres hijos, cinco nietos y tres bisnietos.

LA VUELTA AL MUNDO

Con su mujer, Cacho hizo el primero de una gran cantidad de viajes a Europa, continente que recorrió una y otra vez, de arriba a abajo, y de abajo arriba. Aunque no fue el único destino que visitó.

Los viajes han sido para él otra pasión, en paralelo al mundo de las agujas y de la redonda.

Inglés, francés, italiano e, incluso, japonés, son los idiomas que maneja. El último lo demuestra con un simpático saludo, y después cuenta que visitó el país nipón cuatro veces y que, una vez, hasta le tocó hacer un discurso ante más de 400 personas.

Estuvo en Rusia, Inglaterra, Francia. A Italia, cuna de sus abuelos, fue 20 veces y la cuenta pendiente que le quedó es Sicilia, ciudad que por una cosa o por otra relegó, y se arrepiente. Aunque lo compensa con las veces que visitó Roma, en donde vive una familia de amigos “de toda la vida”, con la que comenzaron a relacionarse sus abuelos, sus padres, él, y ahora sus hijos y sus nietos… con sus respectivas generaciones de amigos tanos.  

Estados Unidos lo recibió infinidad de veces también, país en el que reside Marcelo, su hijo contador, junto a su mujer y sus dos hijos (sus otras hijas viven en La Plata, una en Gonnet -Ana María- y otra en el centro -Graciela-).

Y una aventurada vida como la de Cacho no podía no tener una experiencia como la de Julio Verne.“Con mi padre dimos la vuelta al mundo, fue en la década del sesenta. Arrancamos en Miami, seguimos por San Francisco y Los Angeles, después Hawai, Japón, Singapur, Hong Kong; seguimos por Bangkok, Teherán y llegamos hasta Beirut antes que la destruyeran”, detalla.

También estuvo en Africa, en el sur; visitó el Parque Kruger en Johannesburgo; y subió hasta Nigeria. Aquel recorrido continuó por Budapest y París, el destino con el que se queda, “incluso antes que Londres”, otra de sus ciudades preferidas.

“Hay una anécdota muy linda de mi mejor amigo, Elio Riveto: resulta que organizamos con mi padre y un concuñado un viaje, y Riveto -que me hacía los trajes cuando yo gané la licitación en Aerolíneas Argentinas-, me pidió permiso para ir, ‘anotame’, me dijo. Faltando quince días, me llama y me dice que no puede, que no tenía plata, que no podía dejar a la mujer sola con tres hijos… Y yo le dije ‘esperá, ya vamos a ver’. Y faltando cuatro días me llama a los gritos: ‘Cacho, Cacho, ¡me saqué la lotería, las cinco series, premio mayor!’. ¡Cobró fortunas! Así que vino de viaje. El era muy generoso con sus hermanos y les trajo un juego de cristal de Baccarat a cada uno, y un juego de porcelana francesa, también a cada uno”, cuenta.

México, Italia, Francia y Alemania fueron los mundiales a los que fue, aunque al de México, en el que Argentina ganó la Copa del Mundo, lo hizo como parte de la delegación oficial. Hay una foto, en el avión de regreso de aquella experiencia, en la que se lo ve sonriente con la copa del mundo en la mano.

GIMNASIA, UN SENTIMIENTO

  1. La anécdota de cómo entró a la dirigencia de Gimnasia no necesita retoques.

“Un día estaba en mi negocio y se aparecieron como quince hombres, entre ellos, miembros de la Corte, y otros conocidos, para pedirme que agarre en Gimnasia. Yo les contesté que no tenía experiencia, que había jugado al básquet en el club, fui campeón argentino cuando tenía 17 años, pero no tenía experiencia para dirigir. Entonces, uno de los que vino fue Polo Ruso, primo de René. Y cuando se fue del negocio, lo llamó a  René para que me convenciera. Y René me llamó diciendo: ‘Tengo la misión de convencerte para ser candidato’. Y yo le digo: ‘¿y vos en qué me vas a ayudar’. ‘Yo no puedo, me levanto a las cinco de la mañana para operar pero te puedo acompañar en el Tribunal de Honor’, me dijo, y ahí fue en donde estuvo hasta que murió. Armé una comisión espectacular, con gente de confianza. Apenas entré les dije: ‘Aquí hay que poner el hombro todos los días, hay que venir a trabajar por el club. Si no ganamos el ascenso en el primer año, estamos muertos’. Esa fue la condición. Y lo cumplimos”.

Recuerda que cuando llegaron a la final, contra Racing, por ver cuál de los dos equipos ascendía, se peleó con el presidente de la Academia, por ver quién jugaba primero de visitante. “El quería jugar primero la final en el Bosque y después allá. Yo le dije que no. Y pasó Grondona y nos hizo tirar la moneda. Y mis padres siempre le decían a todos, perdoná el término, que yo había nacido de culo, no de cabeza, porque siempre tuve suerte en los sorteos. Y dije ‘seca’, y salió seca. Y elegí jugar primero en Racing. Yo fui a la cancha con René, nos encontramos en la avenida Mitre, y cuando llegamos al estadio, había como mil hinchas de Racing todos reunidos, y me dio miedo, pero René me dijo ‘no te preocupes, vas a ver que no hay ningún problema´. Efectivamente, pasamos caminando y todos lo saludaban: ‘buen día doctor, gracias por venir, bienvenido… tiempos diferentes’. Ganamos tres a uno. Después, en el Bosque, ganamos 4 a 2 y ascendimos”. La foto inmortalizada del abrazo entre Cacho y Favaloro, grafica sin necesidad de palabras, la emoción y la felicidad que aquella victoria implicó para las vidas de estos dos compinches amigos unidos por la pasión azul y blanca.

EL CIRUJANO YUGOSLAVO

Tan amigo fueron el creador del by pass y Delmar, que el doctor no tuvo reparos a la hora de ayudar a Cacho en uno de los momentos más difíciles de su vida.

“Mi mujer murió hace quince años. Fue una gran lucha. Un día fue al oculista porque tenía un ojo que no se movía. Le hacen una tomografía y sale que tenía un tumor en la cabeza. Lo fui a ver a Burry acá y me dijo ‘esto en la Argentina no se puede operar, en el mundo hay cuatro: uno en Zurich, otro en Yugoslavia, otro en Alemania y otro en Estados Unidos’. Entonces, yo le digo ‘¿y qué puedo hacer?’. Y me dice ‘hable con Favaloro, que usted es amigo’. Yo era muy amigo de René, y lo llamé y él se ofreció a llamar al yugoslavo porque había operado al embajador de Yugoslavia en Argentina. Y René lo llamó y el especialista le dijo que fuéramos a Yugoslavia. Pero como yo en aquel momento le hacía los uniformes a Aerolíneas Argentinas me dieron dos pasajes en primera clase, y vino él a operarla en la Clínica Bazterrica. Sería 1990. Vino el yugoslavo. Era una operación sumamente difícil porque todos tenemos en cada ojo doce nervios del espesor de un cabello que, si se corta uno, se pierde el ojo. Me acuerdo que empezó a operar a las 11 de la mañana, Favaloro estuvo 5 horas en la sala de cirugía, y cuando salió me dice ‘este tipo no se tiene que morir nunca, es un fenómeno’. Terminó a las once de la noche y cuando salió me dijo: ‘Su señora mañana o pasado mañana, si quiere salir a correr o jugar al tenis, lo va a poder hacer’. Imaginate”.

María Nélida vivió quince años más después de la operación. Y su muerte fue, para Cacho, difícil de afrontar. Todavía la extraña al día de hoy.

“En la vida hice todo lo que quise. He sido muy feliz, pero me agarró mucha tristeza después de que murió mi señora. Era una madre excelente, una compañera bárbara, era muy modesta. Una gran mujer, y hermosa.  La única novia novia que tuve, fue ella. He tenido picaditas… pero ella fue mi gran amor”.

VIVIR EN SOCIEDAD

Socio vitalicio de 14 clubes, entre ellos el Hípico de La Plata, de City Bell, de Universitario, del Círculo Andaluz, del Centro Vasco y, entre otros, de Gimnasia, hay un detalle que no muchos conocen y es que Cacho Delmar, una gloria para la familia tripera, es también socio vitalicio de Estudiantes. “Pero nunca pisé la sede… no puedo”, aclara, y cuenta cómo llegó a ser parte societaria del eterno rival del club de sus amores. “Antes, se acostumbraba a que las personas que podían se asociaban en varios clubes. Y mi padre fue en un momento socio de Montequín, y Montequín jugaba al tenis en Estudiantes; entonces se hizo socio mi papá, y me hizo a mí también. Mi padre en aquel entonces me dijo ‘acá hay que hacerse socio de todos lados’”.

Solidario, Cacho y su familia hicieron más de 300 donaciones, entre escuelas, institutos, facultades, gente necesitada. “Una forma de devolver un poco todo lo que recibimos”, explica, quien, junto a su padre, fueron distinguidos con el título honorífico de Cavaliere en Italia, por la ayuda que ofrecieron a entidades de aquel país, desde el que vinieron a la Argentina sus abuelos.

A los 90 años, Cacho vive solo en un céntrico departamento platense, en donde los regalos que recibió por su último cumpleaños todavía no encuentran un lugar. Bien de salud, aunque por indicación médica debe bajar unos kilitos, pasa sus días grabando en un aparato que su hijo le regaló las historias de su vida que serán parte de su autobiografía y que piensa publicar próximamente.

“Empecé un libro y quiero terminarlo. Tengo que grabar toda mi vida, mis años en Gimnasia, que fueron muchos, porque no sé si sabías pero ningún presidente estuvo doce años. La gente me aplaude cuando voy a la cancha, me gritan cosas que me dan vergüenza; ‘ídolo’, me dicen, ‘maestro’, ‘volvé’. Me piden fotos… Es muy emotivo. Eso realmente me conmueve. Estoy un poco sensible, no sé si será la edad… Lo único que quiero es tener salud para terminar el libro, y para volver a ver a Gimnasia campeón. Ojalá”.

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