Según informa el diario La Nación, hace tres meses, poco más de un tercio de las personas que morían por Covid-19 en la Ciudad de Buenos Aires eran residentes de un geriátrico. En estas 14 semanas, esa proporción pasó del 38% al 24%, de acuerdo con cifras de hace dos días. Con la intensificación de los controles de las medidas de bioseguridad, los testeos al personal y el monitoreo de síntomas en los mayores generan una alerta temprana para poder interrumpir la circulación del nuevo virus si ingresa a esas residencias.

Para Paula Zingoni, directora general de Planificación Operativa del Ministerio de Salud porteño, la reducción en las cifras con respecto de mayo pasado “es un dato alentador” en plena pandemia. Aun así, aclara: “Podremos saber el impacto real [de las medidas] cuando esto haya pasado”.

Lo que sí afirma al frente de la estrategia sanitaria implementada para los 483 geriátricos porteños es que detectar rápido una persona afectada y con quiénes tuvo contacto permite intervenir con aislamiento, traslados o evacuaciones para cortar la transmisión y evitar o controlar un brote.

Hasta el 11 de agosto, el 71% de los establecimientos habilitados tuvo por lo menos uno de los 3225 casos de Covid-19 detectados en esa población; 370 murieron, es decir, un 24% del total de fallecidos en la ciudad. Había sido del 38% en la semana del 6 de mayo pasado.

“La letalidad es baja en los geriátricos, pero aún hay muchos residentes que están cursando la enfermedad”, indica Zingoni. En los últimos 31 días, según precisó, se diagnosticaron 21 casos.

TESTEOS

Eugenio Semino es defensor de la Tercera Edad de la Defensoría del Pueblo porteña. Relaciona este descenso en las cifras con la implementación de los testeos para la detección temprana de casos. Señaló, además, que está bajando la mortalidad “porque se aprendió mucho más sobre los tratamientos”.

Para Zingoni, “es probable” que el testeo en las instituciones haya influido, pero aclaró que eso aún no se puede concluir. “Hacerles el test serológico a los trabajadores nos permite hacer un diagnóstico muy temprano de la enfermedad y encontrar casos en la etapa asintomática. A partir de un serológico positivo, hacemos el hisopado. Si se confirma, activamos el protocolo y hacemos el hisopado a todos dentro del geriátrico. Esto, en el primer momento, aumentó el número de casos, pero permitió hallar personas asintomáticas y en etapa temprana”, indica la funcionaria.

En abril, Semino había advertido que “el [geriátrico] que está habilitado es una bomba de tiempo que vemos y el que no lo está es una mina subterránea; en ambos casos, puede explotar”. Hacía un mes y medio que se había detectado el primer caso de Covid-19 en el país y el virus acababa de activar la alarma en por lo menos cuatro geriátricos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y Córdoba.

Para evitarlo, insistía en la necesidad de intervenir con protocolos para asegurar las medidas de prevención en los geriátricos y, también, el testeo. “¿Qué venimos planteando sin éxito? – sostuvo, entonces-. Lo que es la gran diferencia entre España y Alemania: hacer hisopados para detectar la infección precozmente. Con esto se puede detectar y aislar inmediatamente un caso sospechoso, lo que reduce la posibilidad de contagio. Acá, se está a ciegas”.

A los pocos días, con 79 casos, dos fallecidos, en cinco geriátricos de los barrios de Flores, Parque Avellaneda, Belgrano, Vélez Sarsfield y Villa Devoto, el Ministerio de Salud porteño anunció que testearían sistemáticamente al personal de todas las instituciones. Un relevamiento de la infraestructura y las medidas adoptadas en los geriátricos detectó fallas a corregir. El 19 de junio empezaron los testeos.

 

Fuente: La Nación