Tres veces por semana, a la hora previamente convenida, Ana María abre la ventana de su cuarto en el geriátrico platense donde vive desde hace dos años. Es su momento más esperado. Del otro lado del jardín y de la reja la aguarda, puntual, su hijo Julián. Los separan alrededor de cinco metros de parque. Conversan un buen rato y se despiden con un gesto cariñoso. Los dos entienden, dice Julián, que los abrazos que tanto quisieran darse van a tener que esperar. Nadie sabe cuánto. Y se arman de paciencia hasta la próxima visita. Como siempre, jardín de por medio.

En tiempos de coronavirus, las características del encuentro entre Ana María y Julián representan una cruda postal de los profundos cambios que viven los adultos mayores en su vida cotidiana en nombre de un cuidado que resulta imperioso. Son, nadie lo duda, uno de los sectores más vulnerables de la población ante la nueva pandemia. Y mantenerse a resguardo a través de medidas rigurosas tiene un fuerte impacto sobre sus rutinas, las de sus allegados y las de las personas que los cuidan.

La situación se percibe especialmente en el caso de los adultos mayores institucionalizados, pero también afecta a los centros de día (que están cerrados y trabajan a distancia) y hasta a los miembros de la tercera y la cuarta edad que viven solos y que ahora requieren más atenciones de sus allegados.

En los hogares para mayores, el aislamiento preventivo comenzó antes de que se dispusiera la cuarentena obligatoria para toda la población, hace alrededor de 20 días. Se interrumpieron las visitas y las actividades de los internos se redujeron a las más esenciales, para limitar el número de contactos de cada paciente.

“El aislamiento es por ahora la única vacuna para las personas mayores, especialmente para los que tienen más de 80 años. Y sorprende el grado de comprensión de abuelos y familiares frente a los rigores que impone la situación”, dice Osvaldo Tirante, presidente y miembro fundador de la Asociación de Geriatría y Gerontología del Gran La Plata.

Con todo, “el riesgo cero no existe”, reconoce el especialista, y la pandemia ya plantea serios desafíos en las comunidades cerradas dedicadas a la atención de los ancianos.

Esta semana, sin ir más lejos, un caso fatal sospechoso (más tarde dio resultado negativo) disparó el protocolo de actuación para coronavirus en un hogar de ancianos platense, que derivó en que nueve personas, entre adultos mayores y médicos, quedaran en aislamiento preventivo, según indicó a este diario Lisandro Mariño, director de la Cámara de Hogares y Centros de Día de la Provincia de Buenos Aires.

Otro episodio crítico reciente que se relata en el sector tuvo lugar en el conurbano bonaerense. Allí las autoridades decidieron evacuar un geriátrico ante la aparición de un caso sospechoso. Pero al no encontrar un sitio preparado para recibir a los ancianos, después de sacarlos del lugar los devolvieron al mismo punto, tomando allí las medidas de aislamiento.

Desde esa Cámara, Mariño, junto a Gustavo Poletto, Leandro Durand y Daniel Raiher destacan que la situación plantea una serie de desafíos nuevos para los hogares platenses, que representan 1.200 de las 2.000 camas con las que cuenta la Provincia.

Entre ellos destacan la cuestión profesional: la aparición de casos sospechosos obliga a aislar y a poner a médicos y auxiliares en cuarentena que deben ser reemplazados. A esos casos se suman las renuncias e inasistencias que se producen en la antesala de la crisis.

Desde la entidad indican que, algunos de esos profesionales, por su grado de capacitación y experiencia, no van a resultar fáciles de reemplazar y que ese factor puede complicarse si la crisis se agrava.

Pero el del personal calificado no es el único problema que enfrentan los hogares. Otro tiene que ver con la provisión de insumos, dicen los dirigentes nucleados en la mencionada cámara.

Según se destaca, hoy no sólo cuesta conseguirlos, sino que su costo se multiplicó notoriamente en los últimos días.

“Todos los hogares y geriátricos necesitan una provisión importante de insumos básicos como barbijos, alcohol, camisolines, máscaras. Hoy no se los encuentra o se cuadruplican los precios”, dice Mariño.

Por caso, “un barbijo cuyo costo de producción es de 1,50 pesos y que se vendía antes de la llegada del coronavirus a la Argentina a 3,80 pesos, ahora aparece en el mercado con valores fluctuantes de entre 30 y 50 pesos”.

Otro elemento crítico para la prevención es el alcohol en gel. Si el bidón de cinco litros se compraba antes de la pandemia a un costo promedio de 600 pesos, actualmente se paga a razón de 4.000 pesos por unidad, indican los dirigentes.

El otro punto crucial para los responsables de los hogares es el aislamiento y la evacuación.

“Actualmente todos los hogares registrados en La Plata disponen de un espacio para aislamiento listo para ser usado ante la aparición de un caso positivo. Pero las cosas se complican si fuera necesaria la evacuación, porque hasta hoy no hay previsto ningún espacio específico para los adultos mayores si surgiera esa necesidad en la Ciudad”, dice Mariño.

Es que, para los dirigentes de los hogares platenses, ese espacio debería requerir de profesionales capacitados para el tratamiento de los ancianos que habitualmente tienen distintas comorbilidades, y necesitan incluso un seguimiento personalizado.

“Mantenemos reuniones con las autoridades en las que planteamos esta necesidad. Y entendemos que lo que se necesitaría sería conformar un comité evaluador para eventuales evacuaciones, integrado por autoridades, ONGs y representantes del sector”, indicó Mariño.

Mientras se redoblan los recaudos preventivos y de seguridad en los hogares, también se toman medidas a nivel oficial, según indican desde la Municipalidad de La Plata.

En ese marco, autoridades de la secretaría de Salud local mantuvieron un encuentro reciente con los responsables y empleados de geriátricos “a los fines de optimizar los mecanismos de prevención y disminuir las posibilidades de contagio. A ellos se les brindó información sobre la enfermedad y se los concientizó acerca de las medidas necesarias para profundizar la higiene y las acciones concretas de prevención destinadas a proteger a los abuelos y abuelas con los que trabajan a diario”, se informó oficialmente.

Según indicó el secretario de salud de la comuna platense, Enrique Rifourcat, “es muy importante redundar en la limpieza e higiene de los distintos espacios de hogares y geriátricos, sobre todo en lugares comunes; mantenerlos ventilados; e instar a los abuelos y abuelas a que se laven las manos con frecuencia”.

La situación descrita tiene que ver con las instituciones registradas a nivel comunal. Pero en el sector se sabe de la existencia, en la Ciudad, de un número indeterminado de instituciones que no están registradas.

En ese caso, se indicó en la comuna, si alguna de estas entidades sin habilitación son detectadas en esta coyuntura, “se clausura de manera preventiva. No se desalojan a los adultos mayores porque sino quedan expuestos en la calle. Por ende, se deja constancia en un acta de contravención las infracciones que se cometieron, pero no hay desalojo en primera instancia. Tras ello, interviene la Justicia quien dispone los pasos a seguir”.

Ante los desafíos que plantea el coronavirus para los mayores, desde la Red Mayor de La Plata, su presidenta, Silvia Gascón, habla de una necesidad también imperiosa: la de planificar respuestas hoy para anticipar el momento en que la situación se ponga más difícil ( ver acá).

 

Artículo escrito por Omar Giménez,
publicado en el diario EL DIA.
Vea la publicación original acá

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