En el marco de la pandemia COVID-19, las residencias geriátricas enfrentan un gran desafío en tanto deben aumentar sus medidas de seguridad e higiene para proteger aún más a los mayores que, como se sabe, forman parte de uno de los mayores grupos de riesgo de contagio del coronavirus.

Siguiendo los protocolos de acción dispuestos por los organismos sanitarios nacionales, provinciales, municipales y cámaras que nuclean al sector, muchas instituciones han encarado desinfecciones estructurales a cargo de empresas que se dedican al saneamiento integral de diferentes establecimientos.

¿Cómo lo hacen? A través de modernos equipos de pulverización -manuales, hidrolavadoras y equipos de nebulización en frío- , ofrecen una limpieza profunda en todos los rincones de los establecimientos utilizando, para ello, desinfectantes a base de amonio cuaternario, certificados por ANMAT, que “favorecen la eliminación de microorganismos como virus y bacterias”, según explican de una firma del rubro.

Según estudios recientes, se ha comprobado que el COVID-19 persiste en mayor o menor medida en elementos inertes según el tipo de material. Así se ha hallado que en hierro puede persistir durante 48 horas, en guantes de látex menos de 8 horas, en aluminio entre 2 y 8 horas, en plástico y acero inoxidable entre 2 y 6 días.

En este sentido, ¿es suficiente una desinfección integral? 

“Vos hacés la desinfección integral pero a las 4, 10, 12 ó 24 horas ya el efecto de esa humidificación desaparece. Entonces, vos te quedás con una superficie limpia que, cuando alguien la toca, ya fue contamina”,  explica Lisandro Mariño, director de Residencia Meridiano, que, recientemente, al igual que otros establecimientos de larga estadía platenses, ha optado por utilizar este servicio. 

Según Mariño, que además es  integrante de la Cámara de Hogares Geriátricos y Centros de Día de la Provincia de Buenos Aires, “una de las medidas más importantes y arbitrarias que se han tomado en el marco de la pandemia fue cerrar los hogares, es decir, cortar la circulación de personas que vienen de la calle”. Para el especialista, “es imposible cerrar herméticamente un establecimiento de salud, en tanto, todos los días, deben entrar alimentos, insumos varios, personal, profesionales, gente que provee el mantenimiento de todo lo que se necesita a diario”.

 

En este sentido, lo que estos sistemas de higiene profunda facilitan, según advierte el médico, es “llegar a lugares a los que a veces no podés acceder con el trapo, la lavandina, y/o con otros procesos que utilizamos a diario”. Además, remarca Mariño, el hecho de contratar un servicio así, con todo lo que ello implica, “te ayuda a concientizar al equipo de salud para que no bajen los brazos ni se relajen frente a los datos de los medios de comunicación y toda esa información falsa que circula por los celulares”. Para el médico es imprescindible “estar atentos a los detalles para cuidarse ellos mismos y los residentes”.

 

Más allá de este sistema, que según la empresa y la metodología que se utilice puede costar entre 12.100  y 70 mil pesos, y que puede demandar entre 3 y 5 horas de trabajo, los establecimientos de larga estadía llevan adelante en paralelo diferentes estrategias de higiene “durante todo el día”.

En Residencia Meridiano, por citar un ejemplo, dos veces por día se mantiene la sanitización con rociadores, no sólo en “espacios calientes” como enfermería o cocina,  sino de todos los productos que ingresan, desde alimentos hasta insumos, que, luego de recibir la sanitización correspondiente se dejan reposar entre media y una hora en la puerta antes de ingresarlos. Lo mismo con el personal, y la ropa que utilizan, que se sanitizan en un vestidor especial.

En la cocina, además, la higiene se refuerza con una limpieza profunda dos veces por semana, que se suma a la diaria, en la que la vajilla se remoja por doce horas, y se repasan con profundidad muebles de cocina, además de ollas, asaderas y demás utensilios para cocinar.

La tarea, para los que la hacen bien y a conciencia, es infinita.

“Todo el tiempo estamos sumando detalles en el cuidado de la higiene ambiental, de los pacientes y de todo lo que circula en la institución”, remarca Mariño, quien, con sinceridad, advierte que “no sé si todos estas acciones de limpieza funcionan o no pero es lo que hacemos desde el día 1 de esta crisis sanitaria:  sumar y sumar elementos de protección”.

La estrategia de esta residencia es clara: que los que están en condiciones, los menos vulnerables, hagan el esfuerzo. “Yo no puedo decirle a una residente con demencia que se quede 45 días en la habitación. Tengo que buscar otras estrategias”.

Dentro de las estrategias, detalla Mariño, está la insistencia al personal en el cumplimiento de lavado de manos, cofia, guantes, barbijos desde que salen de la casa hasta su regreso; el control de la temperatura al ingreso y egreso; el control de fiebre y saturación de oxígeno a todos los residentes tres veces por día; el uso de barbijo obligatorio en residentes con tos y derivación inmediata de aquellos casos sospechosos; el aislamiento de los convivientes; y el distanciamiento social, éste último, tema muy complejo en personas que necesitan uno o dos asistentes para salir de la cama, trasladarse en silla, alimentarse asistidos por periodos que llegan a una hora, etc.

¿Son estas medidas una garantía prevención absoluta? Dice Mariño que todas estas estrategias “funcionan sumándose pero no garantizan el no contagio”. Lo bueno de todas estas cuestiones preventivas, admite el médico, es que llegaron para quedarse.  Para él, “lo esencial es el trato ético al adulto mayor, el trato afectuoso, el respeto del cuidado de los trabajadores y un ambiente con amor: amor a lo que se hace y a lo que se cuida”.

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