En Florida, Estados Unidos, un caso conmueve a la sociedad: Mary Daniel no había visto a su esposo durante 114 días por la pandemia de coronavirus. Ante las restricciones de distanciamiento social era imposible abrazar a su marido, y a medida que fue pasando el tiempo tuvo que ser creativa para poder concretar el ansiado encuentro.
En una entrevista con CBS News la mujer contó que su esposo, Steve, fue diagnosticado con Alzheimer hace siete años y desde entonces está siendo atendido en un centro de atención de la memoria que también funciona como un asilo de ancianos: “Estaba mejorando en muchos aspectos, pero en marzo todo cambió”.

“Al principio no sabíamos por cuánto tiempo iba a ser el aislamiento, así que nos pidieron a todos los familiares que no fuéramos a visitarlos durante dos semanas; pero el tiempo iba pasando y no había nada concreto”, relató.
Pasados los 15 días Mary fue a visitar a su marido a través del vidrio de una ventana , y al mes siguiente fue nuevamente, pero notaba la desesperación de Steve detrás del vidrio. “Las dos ocasiones en que fui sentí que era perjudicial, se ponía del mal humor por no poder abrazarme”, expresó compungida.

La imposibilidad de tener contacto con su esposa afectó el humor de Steve y tuvo conflictos con sus compañeros en el lugar, cuando nunca antes había tenido ningún problema con los residentes. Esto alertó aún más a su mujer, que sentía que era hora de ser creativa para ayudar al hombre con quien está casada hace 24 años .

“Le mandé un e-mail al director ejecutivo diciéndole: ‘¿Qué necesito hacer para entrar allí? ¿Puedo ser voluntaria? ¿Puedo trabajar ahí?'”, contó. Además aclaró que podía “trabajar de lo que sea” con tal de que la dejaran visitar a su marido. Sin embargo, el centro rechazó su propuesta y pasaron 114 días sin verse .

Mary, además, contó que Steve no es capaz de comunicarse bien a través de las palabras, por lo que su forma de expresar lo que siente es con demostraciones de afecto. Finalmente, al ver que no existía una fecha cercana para “el regreso a la normalidad” el geriátrico reconsideró la petición y la llamaron.

“Me dijeron: ‘Tenemos un trabajo de medio tiempo disponible, ¿le gustaría tomarlo?’ y me contaron que era para lavar platos . Desde ese momento soy la persona más feliz”, reveló. En cuestión de un mes hizo un curso de manipulación de alimentos, cumplió con varios cursos online de técnicas de higiene y seguridad, y se hizo todos los análisis clínicos pertinentes para descartar también un posible contagio de COVID-19 .

“Pacientes como Steve necesitan interacción y contacto, su cerebro necesita ser estimulado para que puedan crecer en lugar de simplemente marchitarse”, aseguró Mary, y con lágrimas en los ojos expresó: ” Al fin pude abrazarlo , y me reconoció al instante. Ahora podemos caminar juntos de la mano dos veces por semana cada vez que vengo a trabajar”.

“Ya puedo notar la diferencia en su comportamiento después de tres visitas, es todo un mundo diferente, recuperó la sonrisa”, agregó. Al ser consultada sobre por qué no consideró la opción de llevar a su casa a su marido, ella explicó: “Trabajo todos los días para poder pagar las cuentas y el asilo. Steve requiere de un cuidado especial y no puede quedarse solo mientras yo voy a trabajar, así que esta es la mejor forma que encontramos para seguir juntos”.

Fuente: La Nación

Comparte en tus redes