En el marco del Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato a la Vejez, que se conmemora el próximo 15 de junio, repasamos las diferentes formas que puede adoptar el maltrato y que va más allá de los abusos físicos.

Stan Lee, rey de los superhéroes de Marvel y uno de los padres de Superman, falleció el año pasado a los 95 años y ahora vuelve a las noticias porque el mes pasado, quien en sus últimos años fuera su manager, Keya Morgan, fue detenido bajo la acusación de abuso de mayores, fraude, robo y malversación de fondos, entre otros delitos, contra él.

El año pasado se conoció la batalla legal que la superestrella del cine del pasado, Gina Lollobrigida (91), viene encarando nada más ni nada menos que contra su único hijo Milko Skofic y su nieto Dimitri por la gestión de su fortuna. Ambos han intentado incapacitarla en diferentes ocasiones para ocuparse de la administración de su patrimonio, valorado en 36 millones de euros. “Estoy absolutamente lúcida y con mi dinero hago lo que quiero”, dijo ella en una entrevista con Il Corriere della Sera.

La semana pasada, un famoso youtuber (chicos que hacen videos “graciosos” y los suben a YouTube) fue condenado a cinco años de prisión por haber humillado en la vía pública a un adulto mayor indigente al ofrecerle un paquete de galletitas para comer que, en vez de relleno de crema, tenían dentrífico. El joven, seguido por cientos de miles de otros jóvenes de todo el mundo, alegó que lo hizo “porque lo desafiaron en las redes” y no se mostró arrepentido.

En nuestra ciudad, a diario leemos en las noticias sobre los malos tratos institucionales que se le da a los mayores en residencias geriátricas y en otras dependencias estatales, al igual que las palizas que sufren algunos para robarlos. También nos informamos de los famosos “cuentos del tío” de los que son víctimas, incluso, de otros casos más extremos, de violación y muerte.

Las caídas en las calles, por el lamentable estado de las veredas, y los tratos despreciables de conductores de transporte público, son queja recurrente entre los mayores, quienes se ven cada vez más acorralados por la digitalización del mundo, algo para lo que no fueron preparados y para lo que, parece, nadie tiene tiempo -ni ganas- de prepararlos.

Como vemos, desde los ricos y famosos, hasta los más anónimos y terrenales, los mayores no están exentos de verse son sometidos a diferentes tipos de maltratos.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2015 había en el mundo 900 millones de personas mayores de 60 años, una cifra que sobre la base de las previsiones se duplicará hasta sobrepasar los 2.000 millones en 2050. Este incremento, y sobre todo el aumento en la expectativa de vida, ha traído consigo también un aumento considerable de los casos de maltrato y de abuso a la vejez, definido como “un problema importante de salud pública” por parte de la propia OMS. Un dato que no puede pasar desapercibido este próximo 15 de junio, Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato a la Vejez.

¿QUÉ ES EL MALTRATO?

Al maltrato se lo puede definir como “un acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a una persona de edad, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, que se produce en una relación basada en la confianza”. Puede adoptar diversas formas, como el maltrato físico, psíquico, emocional o sexual, y el abuso de confianza en cuestiones económicas, como vimos. También puede ser resultado de la negligencia, sea esta intencional o no, y que tiene que ver con el maltrato provocado por fallos o por omisión de cuidados.

En muchas partes del mundo el maltrato de los mayores pasa casi inadvertido. Hasta hace poco, este grave problema social se ocultaba a la vista del público y se consideraba como un asunto esencialmente privado. Incluso hoy en día, el maltrato de los mayores sigue siendo un tema tabú, por lo común subestimado y desatendido por sociedades de todo el mundo.

Un estudio realizado en 2017, basado en 52 estudios en 28 países de diversas regiones, incluidos 12 países de ingresos bajos y medianos, estimó que, durante 2016, el 15,7% de las personas de 60 años o más fueron sometidas a alguna forma de abuso.

En la Ciudad de Buenos Aires, se recibieron en 2017 unos 1.278 casos de maltrato hacia personas mayores, según datos oficiales del programa Proteger, del Gobierno porteño. Según se deriva del informe, en el 90% de los casos los agresores fueron familiares directos de las víctimas. En más del 70% de los casos, la víctima era mujer. Y más de un 25% de los casos en los que el programa Proteger intervino por maltrato a personas mayores, corresponde a situaciones de violencia psicológica.

Probablemente la cifra esté subestimada, puesto que solo se notifica uno de cada 24 casos de maltrato a personas mayores, en parte porque los afectados suelen tener miedo de informar a sus familiares y amigos o a las autoridades.

SE MIRA DE SOSLAYO

Expertos aseguran que hablamos de una realidad que, además de ser un problema de salud pública, es también “un problema de violación de los derechos humanos”,  que, lamentablemente, está lejos de tomar conciencia política y social de la dimensión del mismo. “Se sabe que existe el problema, pero se mira de soslayo. Se elaboran protocolos y guías y con eso ya creemos haber cumplido. Y desde luego no sólo no hemos cumplido, sino que además no le damos la importancia que tiene”, afirma Carmen García Revilla, presidenta de la Comisión Ni abuso, Ni maltrato: no estás solo de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA).

No ayuda a la visibilidad de la problemática, no obstante, el hecho de que las personas mayores tengan poca voz, participación y representación en la sociedad, lo que se califica como de “marginación de los mayores”, asociada en parte a la imagen de “inoperancia del jubilado” y a otros estereotipos vinculados a la mayoría de edad.

Tampoco lo difícil que resulta aceptar que te están maltratando y, por tanto, dar el paso de denunciarlo, sobre todo cuando el maltratador es un hijo o una persona de confianza.

No existen los medios y, además, los mayores conviven con el miedo a las represalias, a perder el afecto de sus hijos, a la soledad. La mayoría de las veces, el maltrato que sufren los mayores, más allá de las consecuencias físicas, se traduce en problemas de índole emocional y psicológico, como demuestran los aumentos de casos de ansiedad, estrés o depresión.

Pero esta situación, de a poco, se está escuchando.

El Departamento de Justicia de Catalunya, por ejemplo, prepara un anteproyecto de ley para modificar el Código Civil para que padres y madres puedan desheredar a los por maltrato psicológico. Hasta ahora sólo se contemplaba esta posibilidad en caso de malos tratos físicos. “Sin respeto a los padres y madres no hay dignidad. Los hijos e hijas que maltraten psicológicamente a sus padres tienen que saber que perderán el derecho a la legítima. No cobrarán ni un euro”, explicó la Consejera de Justicia, Ester Capella.

En otros lugares del mundo, las líneas telefónicas de asistencia gratuita contra el maltrato en mayores o su prevención ya están funcionando. Y en Argentina, por ejemplo, hay un proyecto de ley para crear una defensoría del adulto mayor que, de aprobarse, velará por la garantización y cumplimiento de sus derechos (ver página 8).

SALUD Y DERECHOS VULNERADOS

El maltrato de las personas mayores es un problema social mundial que afecta a la salud y los derechos humanos de millones de personas mayores en todo el mundo y es, por tanto, un problema que requiere la atención debida por parte de la comunidad internacional. La Asamblea General de las Naciones Unidas, en su resolución 66/127 Documento PDF, designa el 15 de junio como Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. La conmemoración de este día sirve para que todo el mundo exprese su oposición a los abusos y los sufrimientos infligidos a algunas de nuestras generaciones mayores.

Somos mayores, ciudadanos, y tenemos derechos a: tener una vivienda digna y alimentación; a contar con servicios de salud de calidad; a que respeten nuestra dignidad; a que no nos discriminen; a gozar de una vida plena; al acceso y movilidad; a la integración comunitaria; a la recreación, cultura y deporte; a que nos respeten la identidad de género; a no recibir malos tratos físicos o mentales; a residir en nuestro domicilio durante el tiempo que  sea posible, a elegir la residencia y decidir cómo y con quiénes vivir; a acceder a información, ser escuchados y expresarnos libremente; a participar en la toma de decisiones dentro de la sociedad.

Que no se les olvide.

Comparte en tus redes