En pocos días se cumplirán siete meses de aislamiento social y, en muchas residencias para la tercera edad de La Plata, ya comenzaron a pautarse visitas porque consideran que la depresión que les causó a los adultos mayores no ver a sus seres queridos hizo que les bajaran las defensas y hasta se enfermaran.

La medida se implementa porque en el arranque de la cuarentena se pensó que la interrupción de las visitas y salidas sería por un par de meses, pero los números de afectados por el coronavirus no pararon de crecer y el aislamiento se volvió como un túnel sin salida, tanto para los adultos mayores como para sus familiares.

Ese fue el caso de Nélida -81- que, pocos días antes de que se dispusiera la cuarentena, ingresó a una residencia porque, al quedar postrada por una dolencia articular, ninguno de sus hijos podía cuidarla. Al principio entendió que no podría verlos hasta que el covid-19 aflojara, pero los meses pasaron y un día les dijo a las enfermeras que ya no quería comer.

La médica de la institución supo que Nelly no necesitaba un suplemento alimenticio, sino ver a sus hijos y no tuvo más que decirle que promovería un encuentro con ellos para que la mujer volviera a comer. A los pocos días, con una mampara transparente de por medio, los tres se reencontraron, no hubo abrazos, pero sí una charla animada de varios minutos y la promesa de que en 15 días volverían a verse.

En distintas residencias coincidieron que al inicio de la pandemia primó el temor por los contagios entre los adultos mayores, algo que se reforzaba con el mensaje: “están en el grupo vulnerable, si se contagian, se mueren”.

El secretario de Salud de la Municipalidad, Enrique Rifourcat está a favor de que los adultos mayores reciban visitas en las residencias, al igual que los que por distintas razones quedan internados en hospitales, siempre que se ajusten a protocolos similares a los que emplea el personal de salud.

“No podían ver a sus familiares y, si por alguna razón había que internarlos, se iban a los hospitales pensando que ya no volverían, entonces surgió la idea de que si no tenían fiebre o problemas respiratorios, era mejor mantenerlos aislados y contenidos en las residencias”, agregó el funcionario.

Lisandro Mariño es médico psiquiatra y gerontólogo, asesor técnico de la Cámara de Hogares y Centros de Día bonaerense y está al frente de una residencia para adultos mayores que comenzó a implementar las visitas.

En ese hogar de Meridiano V en los últimos siete meses tuvieron que resolverse muchas cuestiones para que los residentes atravesaran el aislamiento de la mejor manera posible porque, no sólo se suspendieron las visitas y salidas, sino también muchas actividades y talleres.

No obstante, se batalló contra las limitaciones: los talleristas propusieron actividades a través de videos y las clases de gimnasia se proyectaron con imágenes en la pared.

También se incorporaron las videollamadas entre los residentes y sus familiares para que pudieran escucharse, verse las caras, bajar la ansiedad y reducir la angustia. Otros familiares se las ingeniaron y, como si se tratara de encuentros a lo Romeo y Julieta, compartieron largas conversaciones de vereda a balcón.

Ahora, atentos a la situación que atraviesan los pacientes con mayor grado de deterioro, se comenzaron a implementar las visitas cuidadas. “La apuesta terapéutica fue establecer un orden sanitario que se armó de manera interdisciplinaria y conjunta para garantizar los encuentros de los adultos con su familia”, explicó la psicóloga y gerontóloga Ana Moreira Uribe.

La experiencia comenzó a desarrollarse la semana pasada. Los visitantes volvieron a encontrarse con sus mayores, luego de que se les controlara la temperatura y limpiaran sus manos y pies. El vínculo se estableció a dos metros y medio, sin contacto, en un espacio abierto, pero reparado. La vivencia fue tan positiva que ya se estudia habilitar otro espacio para las visitas.

Los profesionales señalaron que los familiares fueron los más conmovidos por los reencuentros y que algunos, con temor, habían planteado previamente: “Si no lo abrazo, no me va a reconocer”. También estuvieron los que argumentaron que no toleraban ver a los adultos a la distancia y se excusaron de ir.

“A lo largo de 20 años como médico observé que existe una fantasía entre los familiares que creen que sin la presencia de ellos no es viable el cuidado de los residentes, pero en este tiempo pudimos demostrar que todos estuvimos ahí, trabajadores y profesionales, con la idea de que estén bien y se respeten sus derechos”, aseguró Mariño.

Para la psicóloga, otro de los problemas que desnudó la pandemia fue la falta de atención a los adultos mayores y cómo eran vulnerables en distintas situaciones, desde en las eternas filas de los bancos hasta cuando se los desalojaba semidesnudos de algunas residencias con casos de Covid-19.

“Quedó expuesta la vejez vulnerable, los cajeros, los bancos, los trámites, las ciudades, el transporte, nada es amigable con ellos”, agregó el médico.

Sin embargo, se destacó que entre los adultos mayores se observó a lo largo de los últimos meses el deseo de no ser una carga para el otro y se repitió la expresión: “Si no vienen es porque se estarán cuidando, acá estamos bien”.

“Son los que más entienden las cosas, los que más se supieron cuidar, pasaron la polio y distintas circunstancias en un país que atravesó muchas crisis, eso demuestra que algo aprendieron”, apuntó la psicóloga que, al igual que Mariño, trabaja para que no se relativicen ni se vulneren sus derechos primarios.

El secretario de Salud municipal, Enrique Rifourcat, aclaró que en la Región “siempre se aplicaron los protocolos dispuestos por la Provincia que pautaban cómo debía manejarse el personal de las residencias con relación a los cuidados personales y al trabajo”. Pero consignó que ya en marzo se estableció que debían evitarse las visitas.

“LOS QUE PEOR LA PASARON”

“Los chicos y los adultos mayores fueron los que peor lo han pasado, se deprimieron y les bajaron las defensas; por eso en algunos lugares ya comenzaron a implementarse visitas breves, con las personas separadas a través de acrílicos o con equipos de protección personal, similar al que usan los enfermeros”, explicó el funcionario.

Para Rifourcat el beneficio de que los adultos mayores reciban visitas en horarios pautados y bajo un protocolo muy estricto es esencial para mejorar la calidad de vida de esa población.

“Algunos lugares se fueron flexibilizando, nosotros en julio ya empezamos a pensar en cómo resolver el tema de los adultos y en consensuar acciones porque, si un enfermero puede estar en contacto con un paciente, ¿por qué no podría estarlo un hijo si se ajusta a los mismos protocolos?”, se preguntó el funcionario.

 

Fuente: EL DIA

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