Compartimos el artículo publicado hoy, sábado 3 de octubre, en el diario EL DIA de La Plata, sobre la visita que un periodista realizó al Hogar San Nicolás, donde fallecieron 12 personas durante la cuarentena. 

Por
Martín Cabrera

Se abre la puerta y comienza el protocolo. Primero alcohol en las manos y luego pasar por debajo de un rociador sanitizante. De inmediato un barbijo nuevo, camisolín y máscara. El siguiente paso es llegar hasta un hall que está cerrado por un nylon y un biombo con un acrílico. Del otro lado están los abuelos y abuelas del Hogar San Nicolás (43 entre 5 y 6), el reducto platense en donde el coronavirus golpeó fuerte: 12 personas internadas allí se murieron entre junio y septiembre.

Muchos de los familiares de aquellas personas que fallecieron denunciaron ante las autoridades de PAMI que el lugar no respetaba las medidas reglamentarias y que el trato que allí recibieron sus seres queridos no fue el mejor. Por eso EL DIA estuvo adentro, hablando a la distancia con algunos abuelos y con el director del establecimiento, José Claudio Rodrigo, el mismo que lo dirige desde hace 35 años, cuando abrió sus puertas en la vieja clínica de los Trabajadores de la Carne.

“Tenemos un protocolo muy rígido que dictaminó el ministerio de Salud para que ninguno de nosotros contagie y viceversa. Cambió la vida acá adentro, se prohibió el ingreso de familiares, las reuniones adentro y muchas de las actividades que teníamos, como gimnasia, jardinería y otras prácticas que se hacían a diario”, relató el director, que mencionó que alguna de esas actividades hoy las realizan dentro de sus habitaciones en pequeños grupos.

 

En San Nicolás se detectaron 15 casos positivos y 12 de ellos murieron. Nadie sabe a ciencia cierta cómo ingresó el virus allí, pero sospechan fue un residente que tenía una vida muy activa hasta que se comenzó la pandemia y luego de ella costó tenerlo a resguardo. “A veces se iba al patio y hablaba detrás de una reja con amigos a los que citaba a la puerta”.

En los primeros meses los pacientes eran derivados a alguna clínica u hospital cuando manifestaba uno o dos síntomas compatibles con el coronavirus. Ahora con uno solo son trasladados de inmediato. “Igual los abuelos no siempre manifiestan fiebre o dolor de cabeza, el principal su falta de apetito”.

Después del primer caso se frenaron los contagios, y al mes siguiente se dieron unos más. Fue entonces cuando personal sanitario del municipio y del ministerio de Salud bonaerense realizó inspecciones y se hisopó a todos los abuelos del lugar, como así también al personal. “Las cosas, después de casi siete meses, te puedo decir que se están haciendo bien porque de lo contrario los resultados serían diferentes”.

¿Por qué los familiares de los fallecidos se enojaron tanto con el geriátrico?. “La queja está bien y los entiendo. No poder ver a tu familiar querido y enterarte que dio positivo y a los días se muere debe ser muy duro. Entiendo su dolor y a mí me pasaría lo mismo: me quejaría con todos los que pudiese. Hoy, con 14 mil contagios diarios, se pueden contagiar todos. Estamos pasando por una situación muy angustiante”, remarcó Rodrigo.

Una de las personas que denunció maltrato tiene a su madre ahí adentro. Dijo que hay suciedad y que su madre no recibe los cuidados necesarios. “Ha realizado muchas críticas y son falsas. En definitiva, si está tan segura que acá recibe ese trato tiene el derecho a llevársela, nadie deja a un ser querido en un lugar así”.

“Son metodologías. Hay muchos familiares que sienten culpa por dejar a un familiar en un geriátrico y por eso algunos reaccionan de esta manera. Hace unos años un amigo me decía que ni loco enviaría a su padre a un hogar como este. Al tiempo me llamó y estaba desesperado, no sabían cómo cuidarlo pese a contratar enfermeros y kinesiólogos. Le dije que lo traiga y vea. Estuvo acá varios años”, continuó con su relato.

También contó que una señora les recriminaba a las autoridades que a su madre le ponían guantes para dormir. “Era verdad, porque tenía un demencia tan avanzada que por la noche se comía partes del pañal y eso le provocaba ahogamiento. Varias veces tuvo que ser hospitalizada”.

Mabel Ibarra, hija de una residente que falleció el 15 de septiembre, le dijo a EL DIA que ese hogar “es un matadero”. Y aseguró que le entregaron un cadáver seco y desnutrido. “Por favor, que alguien haga justicia y nos escuche”, pidió.

“Acá tenemos inspecciones semanales de PAMI, del SAME, del ministerio y del municipio. Somos una institución abierta y queremos mostrar nuestro trabajo. A los abuelos los tratamos de la mejor manera. Todos los profesionales que trabajan aquí se formaron y dejan la vida todos los días. lo aseguro. No hay nadie que esté en el grupo que trabajo que no tenga 10 o 15 años de experiencia”, respondió el director.

San Nicolás tiene capacidad para 85 personas, pero un sector no fue habilitado porque se terminó justo con el inicio de la pandemia. A esa fecha el promedio era de 67 personas y actualmente hay 41 residentes.  “Tenemos varios abuelos que dejaron el lugar cuando comenzó esto: sus familiares los retiraron. Algunos ya regresaron, otros están por hacerlo y un grupo seguirá hasta que pase la pandemia. A los que están en sus casas les seguimos dando el servicio de enfermería y kinesiología”.

Los familiares pueden ver a sus seres queridos las veces que sea necesario. Los primeros meses estaba prohibido, pero luego se adaptó mediante un estricto protocolo. “Se tienen que anotar y pueden hacerlo las veces que quieran”, remarcó. Pero avisó que sólo los pueden ver, pero de ninguna manera acercarse y mucho menos tocarlos. “Igual hay todo tipo de historias acá adentro, porque existen pacientes que no reciben una sola visita y ellos preguntan por qué. Es muy triste, en algunos casos hay un abandono total”.

Otra de las quejas fue que las enfermeras les cobraba hasta 100 pesos a los abuelos para prestarles el teléfono. Rodrigo lo desmintió y aseguró que la mayoría de los residentes tiene su propio teléfono y aquellos que no, cuentan con uno comunitario. 

También hubo una demanda realizada por Claudia S, quien dice que a un familiar suyo le obligaron a firmarle un poder a otra persona. “Eso lo está manejando la Justicia, que ya tomó las declaraciones a los implicados. Primero que no es familiar y la versión de la residente es diferente, que determinará la Justicia. Nosotros no obligamos a nadie a firmar nada, no nos metemos en esas cosas”.

En el final, Claudio Rodrigo reflexionó respecto al estado de los abuelos. Si bien dijo que de a poco recuperaron ciertas rutinas, los ve tristes. “Al principio me sorprendía su resiliencia, pero pasados los 50 días vimos cómo los afectaba. Fue entonces cuando apuramos las visitas y creamos el programa de padrinos especiales, donde cada personal tiene que regalarle algo a un residente. Eso los estimula y los divierte”.

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