Una opinión de Silvia Gascón sobre la imagen de la vejez y el envejecimiento que acompañó un artículo sobre “viejismos” en el Diario EL DIA de La Plata en su edición del domingo 17 de abril de 2022.

La imagen de la vejez y el envejecimiento son el producto de una construcción social; esto quiere decir que no existe una definición universal y para siempre de lo que significa el envejecimiento, ni siquiera cuando comienza, sino que es el resultado de representaciones sociales, imágenes, ideas acerca de algo, que son incorporadas por las propias personas mayores, sus familias y la sociedad toda.

Cada vez se utiliza menos la edad cronológica para definir roles y funciones sociales asociados a la vejez e incluso para determinar la salud de las personas. Tener más de 60 ó 65 años no implica dejar de trabajar, por el contrario, puede ser la etapa de mayor producción. Por supuesto no es lo mismo ser artista, científico o político y vivir en una gran ciudad, o ser trabajadora/a rural en una pequeña aldea sin acceso a servicios mínimos.

En las sociedades en las que la esperanza de vida es corta, ser mayor o anciano puede aplicarse a una edad que otras sociedades definirían como joven. Para el caso particular de las mujeres, en algunas sociedades la menopausia se considera el comienzo de la vejez; en otras, en cambio, una nueva etapa en un camino de liberación y de posibilidad de mejora en relación a temas de salud y bienestar psicológico y emocional. Es por ello que hablamos de vejeces y no de vejez, ya que se trata de un grupo cuya principal característica es su heterogeneidad.

Pese al aumento de la expectativa de vida, pese a que las personas mayores contribuyen a diario a sus familias y comunidades, más allá de los ejemplos de personas de edad avanzada que descollan en diferentes disciplinas, la percepción social sobre las personas mayores es básicamente negativa. Es lo que el Papa Francisco ha llamado “la cultura del descarte” y pone en evidencia la baja consideración, cuando no la invisibilidad, a la que se ven expuestos los mayores, la falta de respeto y desconocimiento de sus hábitos, preferencias y costumbres, la baja adecuación del sistema sociosanitario y las limitaciones de servicios y prestaciones en función de la edad, la escasez de recurso humano capacitado para comprender el proceso de envejecimiento, así como normativas expresas que limitan el acceso a créditos, a oportunidades educativas o laborales y la nula adaptación de las ciudades a las características de la población mayor.

Pero también existen otras formas más sutiles de discriminación, que se expresan en el no reconocimiento de las contribuciones que siguen haciendo a sus familias y comunidades, o la toma de decisiones en asuntos que los afectan, e incluso en el trato descortés e infantilizado cuando se les habla en diminutivo o se los trata de abuelito, como si fuera el único rol válido para una persona mayor.

Y de esto se trata el Edadismo o Viejismo: la valorización despectiva de una persona por el solo hecho de haber llegado a una determinada edad. Y se construye a partir de tres elementos: lo que pienso, es decir los estereotipos, los prejuicios, lo que siento hacia las personas mayores y como consecuencia de ello lo que hago: discrimino, expulso, excluyo.

Es interesante además que las personas mayores constituyen el único grupo discriminado del cuál aquellos que discriminan van a formar parte algún día. Y particularmente que quienes más miedo tienen a envejecer, sean los que más discriminan.

Las actitudes de viejismo tienen un efecto muy negativo en la salud y el bienestar psicológico de las personas mayores, y pueden estimular el abuso, el abandono y la aceptación del uso de violencia contra sí mismos.

Es momento para reflexionar acerca del lugar que les damos a las personas mayores en nuestra sociedad. No se trata de lucha entre generaciones, todo lo contrario, es imprescindible que la solidaridad recobre su valor. Es entre todos que vamos a construir una sociedad para todas las edades, en la que nadie quede atrás. Estamos seguros que nuestros hijos y nietos nos acompañarán.

(*) Silvia Gascón es presidenta de Red Mayor La Plata.
D
irectora del Centro de Envejecimiento Activo
y Longevidad de la Universidad Isalud.

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