Por

Silvia Gascón (*)

Es necesario desarrollar acciones para prevenir cualquier forma de abuso y maltrato hacia las personas mayores.

Silvia Gascón

Es frecuente leer que alguna persona mayor ha sido asaltada en su casa, caminando por la calle o a la salida de un banco. Muchas de ellas son golpeadas y en algunos casos hasta asesinadas.

Nos proponemos encontrar algunas razones que nos ayuden a entender mejor porqué el fenómeno de la violencia afecta principalmente a las personas mayores y así poder evitar algunas de las situaciones de riesgo más comunes.

Por un lado, la fragilidad que surge con el correr de los años, hace que los delincuentes hagan foco en este grupo poblacional.

Por otro lado, esta generación de personas mayores no ha vivido en sus trayectorias personales este tipo de violencias. Es la generación de puertas abiertas, sillas en las veredas, de puertas sin llave. Abrir la puerta sin preguntar quién es (los porteros eléctricos no existían), ofrecer un vaso de agua a quien lo pide o ayudar a quien lo necesita forma parte de la cultura solidaria que practicó este grupo no hace tantos años atrás.

Es más sencillo, entonces, olvidar cerrar la ventana trasera, o abrir la puerta cuando suena el timbre, contar en el barrio un viaje próximo o el cobro de la jubilación.

La generación de “la confianza”, debe también en este punto cambiar costumbres y comportamientos. Es necesario tomar el control de la propia vida. Estar prevenidos, atentos, inteligentes. Ser cuidadosos, revisar horarios y hábitos. Y sobre todo, en lugar de aislarnos o encerrarnos, participar. Las redes de vecinos suelen ser una estrategia útil para estar conectados frente a alguna actitud sospechosa o incluso cuando se sale de la casa por unos días o se vuelve tarde. Entre-cuidarnos parece ser una “receta” exitosa y que en muchos barrios de la ciudad se está aplicando.

Finalmente sabemos que haber sufrido un hecho de violencia produce en las víctimas daños que perduran en el tiempo. Es muy importante el rol de las redes sociales, amigos, vecinos, familiares para ayudar a recuperar confianza y a generar conciencia sobre la necesidad de incorporar hábitos de seguridad.

El rol de los hijos, siempre importante, se vuelve más aún en el apoyo para encontrar sistemas, tecnologías y dispositivos que ayuden a las personas mayores a seguir viviendo solas o con otra persona de su edad, si es su deseo, pero más protegidos.

Y por supuesto, el Estado, además de su rol indelegable en materia de seguridad, debe desarrollar campañas de concientización y prevención y poner a disposición de la población sistemas como botones antipánico, caminadores vecinales, consejos de seguridad barriales, que ofrezcan más seguridad a los ciudadanos mayores.

(*) Presidenta de la Red Mayor La Plata.
Artículo publicado en diario El Día

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