Los delitos a los que estamos asistiendo en los últimos tiempos están enmarcados en fenómenos de altísima violencia social. No se trata sólo de robar, sino de hacer daño, lastimar y hasta matar a aquellas personas a las que se ataca. En el caso de las personas mayores están siendo desde hace tiempo blanco preferido de los delincuentes.

La mayoría de ellas lo saben y han modificado sus patrones de conducta y modos de vida. Han cambiado horarios de encuentros, protegido sus viviendas con rejas y hasta alarmas cuando el bolsillo lo permite, participan de redes vecinales, se alertan y cuidan entre vecinos y comerciantes. Sin embargo es necesario insistir en ello. Porque la prevención de la violencia y el delito también es un fenómeno complejo y no puede recaer exclusivamente en la responsabilidad de los mayores.

Las formas de delito han cambiado. Y los modos de prevención también deben hacerlo. Son necesarias mas rondas preventivas de la policía, sistemas de alarmas municipales, más iluminación en los barrios, ocupación de los espacios públicos por parte de la comunidad. Pero no alcanzará tampoco. Por supuesto que hay una responsabilidad ineludible de los gobiernos y la policía, pero también deben comprometerse las comunidades, asociaciones y empresas.

En este marco, es clave el accionar de los bancos. ¿Porque las personas siguen guardando el dinero en sus casas? ¿Desconfianza en los bancos? ¿Temor a usar la tarjeta? ¿Desconocimiento de procedimientos para utilizar transacciones digitales?

En los estudios realizados en el marco del programa ciudades amigables con las personas mayores, ellos mismos han definido como principales enemigos a los bancos. No sólo por las indignantes filas y esperas, sino además por la falta absoluta de acciones que ayuden a integrarlos y facilitarles el acercamiento a las nuevas tecnologías.

Por otro lado surgen nuevas formas del delito. La utilización de las tarjetas de débito por extraños, el despojo del dinero de las cuentas, las diversas formas de fraude telefónico, son hoy moneda corriente. Y cuál es la respuesta de los gerentes: “Eso no sucede”. Cómo recuperar la confianza cuando quienes deben asumir responsabilidades no lo hacen. No se trata sólo de pensar en cómo prevenir el delito, sino en re-pensar que nos pasa como sociedad que hemos dejado de proteger y reconocer los derechos de los ciudadanos mayores.

Silvia Gascón
Presidenta de RED MAYOR
Artículo publicado en el diario EL DIA

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