“Hay una ideología gerontológica que han adoptado los funcionarios y los medios de comunicación que quizás tenga que ver con el modo en que se percibía la familia a sí misma hace más de medio siglo, y que se representaba en el teatro de Darío Vittori y en las telenovelas en blanco y negro como las de los Campanelli.

 

La nona y el nono, el zeide y la bobe, son reliquias muy queridas del ideario costumbrista nacional. Es posible que esto explique que en 2020 los periodistas nos digan abuelitos con la misma sonrisa que algunos tienen en la calle cuando ven a un paseante con una mascota, o se dirijan a nosotros como adultos mayores porque los hay menores, con el descuido de no emplear el lenguaje inclusivo al usar solo el masculino que con la palabra “vejetes” no tendría objeción alguna del Inadi.

 

Tomás Abraham

El 5 de abril último en Infobae, una nota de consulta a especialistas reúne una serie de recomendaciones que nos hacen para estos días de cuarentena que desde el lunes 20 exigirá un salvoconducto para poder circular.

 

¿Qué nos recomiendan? Cito la serie casi completa: “Pueden ver películas que veían antes, las de sus épocas, por ejemplo. En caso de que usen las redes, pueden verlas online ya que hay muchas subidas. O en caso de tener cable o televisión satelital pueden ver los canales especiales en los que las pasan las 24 horas”.

 

“Ordenar los cajones de recuerdos o de los cubiertos, acomodar álbumes de fotos o cualquier otra actividad pueden ser una buena opción en estos momentos para que sigan estando activos, escuchar discos, cassettes o la música que les guste en el formato que tengan, pueden hasta compartir algo lúdico como un juego de cartas, bingo o simplemente conversar sobre lo que ellos quieran hablar con sus seres queridos, no siempre del tema del coronavirus para que no se asusten”.

 

“Es importante que muevan las manos y los dedos. Pueden cocinar. Si hay dos personas o más en la casa pueden, por ejemplo, hacer juntos un puré y uno pela las papas y el otro las pisa. Es una actividad simple, pero mueven las manos. Otra opción puede ser tejer o coser, además de cocinar”.

 

“La lectura es una de las actividades cognitivas recomendadas, al igual que las sopas de letras, crucigramas incluso pintar mandalas”. Fin de las citas.

 

Lo de la sopa de letras no lo entendí, todo el resto sí, a pesar de mis 73 años, creo que más o menos podría seguir estas sagaces recomendaciones como la de hacer puré de a dos ya que sigo casado.

 

Pero, lamentablemente, nada de lo que me sugieren me interesa, prefiero suicidarme. Quisiera, eso sí, aprovechar el interés por cuidarnos que tienen los que presiden nuestro destino y los consejos de los especialistas, para solicitar lo que estimo me haría bien a mí, y muy posiblemente a otros de mi edad.

 

Voy a descartar el bingo y la canasta porque me pudren el ánimo, para intentar imaginarme rodeado de tantas cosas bellas que me ofrece la memoria y que me haría el arresto domiciliario mucho más agradable.

 

Me gustaría que me entreguen por encomienda un bongó para que cada mañana pueda saludar el amanecer. Lo necesito acompañado por una cajita de porros que pueden venir con el cannabis y los papelitos por separado así los armo y me ayuda a ejercitar los dedos como lo recomiendan los gerontólogos.

 

No hay como tomarse un ácido, un LSD, las noches de luna llena, con dos “yellow sunshine” me doy más que satisfecho.

 

Necesito ropa, se me rompió el lavarropas y no me dejan ir a la lavandería. Ya que existe la posibilidad de pedir a mis tutores del Gobierno de la Ciudad cosas que me hagan feliz, me gustaría una polera negra – soy un intelectual–, jeans patas de elefante, cinturones con gran hebilla de metal, botas de caña corta y sandalias. Para mi mujer, que es de otra onda, solicito blusas de lienzo blanco, remeras batik, suecos con tacos de madera, collares con mostacillas, una vincha y un bolso peruano.

 

En cuanto la lectura, ¿me pueden enviar Las enseñanzas de don Juan, de Carlos Castaneda, y si no es molestia, Un mundo feliz de Aldous Huxley? No me atrevo a pedir los Escritos de Lacan ni El antiedipo de Deleuze, porque sería un abuso. Pero el I Ching, eso sí, nos cambiaría la vida. Unos DVD con Easy Rider, Crónica de un niño solo y El séptimo sello nos alegraría más de una tarde. Nada sería más completo si para la película de Bergman puedo invitar a dos vecinos que tengo en el piso, tan minusválidos como yo, para un cine debate. Por lo que necesito una mesa redonda con tres sillas.

 

¿Una botellita de ginebra? ¿Unos Particulares? Qué mejor para que la jornada cultural sea completa.
Música por favor, La marcha de San Lorenzo, de Billy Bond y la pesada del rock & roll, y Balada para un loco, de Piazzolla.

 

Y un último pedido especial. Para que nuestra estadía forzada por las circunstancias que son independientes de nuestra voluntad se convierta en algo memorable también por la dicha compartida, si una vez por semana el Gobierno de la Ciudad nos dejara salir no más que una hora, podríamos recrear una escena de nuestra juventud maravillosa, y hacer dedo. Con que nos envíen un micro escolar o un camión de Manliba, por la esquina de casa a las 10 nosotros saldríamos 9.45, y haríamos dedo un cuarto de hora mirando a lo lejos y viendo pasar autos. De detenerse alguno, no lo tomaríamos, esperaríamos el transporte de Larreta. Le diríamos al chofer nuestra dirección, daríamos un par de vueltas nada más, y bajaríamos iluminados.

 

Desde ya, muchísimas gracias”

Tomás Abraham, Filósofo
Artículo publicado en Perfil

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