Muchas veces es algo que pasa desapercibido, que nadie nota, salvo quien lo padece. Son actitudes, formas de comportarse frente al otro que implican un menoscabo solo por tener una edad determinada. Se trata, en definitiva, de un grado de discriminación que técnicamente se define como “edadismo”, aunque cuando esas actitudes y discriminaciones se direccionan a una persona mayor, ya pasa a ser algo que se denomina “viejismo”.

Fue en 1968 cuando el psiquiatra norteamericano Robert Butler acuñó el término “viejismo” para referirse al proceso de elaboración de estereotipos y discriminación sistemática contra las personas solo debido al hecho de que sean mayores. El mismo Butler argumentó que “el viejismo” se manifiesta a partir de actitudes, comportamientos, prácticas y políticas institucionales discriminatorias dirigidas en contra de las personas envejecidas. Y en nuestro país, fue el psicoanalista Leopoldo Salvarezza quien introdujo en sus estudios aquel concepto, al definir al viejismo como “una forma de edadismo aplicado a los viejos”, al que definió como “el prejuicio que se establece hacia las personas por su edad acumulada”.

MÚLTIPLES FACTORES

En este marco, y mientras diversas proyecciones demográficas muestran un crecimiento constante de la población adulta mayor, los gerontólogos definen que el concepto de vejez va mutando con el tiempo y depende de muchos factores, como determinantes de salud, lugar de residencia, nivel de educación, tipo de alimentación y procedencia, y que el “viejismo” abarca tres aspectos principales: actitudes perjudiciales hacia la vejez y el proceso de envejecimiento; prácticas discriminatorias, y políticas institucionales que perpetúan ciertos estereotipos sobre las personas mayores.

“El viejismo en la actualidad -explica la gerontóloga Verónica Montes de Oca- es una grave forma de discriminación como lo son también el sexismo, racismo o clasismo, entre otras, pues expresa una relación de poder de un grupo sobre otro. El viejismo generalmente se manifiesta cuando se sobrevaloran los rasgos y características de un grupo de población joven por sobre el de los y las mayores. El viejismo es una forma de edadismo que confronta a generaciones jóvenes contra mayores a partir de un conflicto basado en prejuicios y estereotipos, obstaculizando un vínculo que es interdependiente y que ocurre cotidianamente en los espacios familiares, sociales y comunitarios en donde existe la convivencia entre los distintos grupos etarios”.

“En la actualidad – señala por su parte la psicogerontóloga Agueda Borzanic – el viejismo es una tendencia, un sesgo del pensamiento, por el cual uno mira a determinadas personas de determinada manera. Hay muchos tipos de discriminación, como también se hace con el gordismo, que es hacia las personas que tienen sobrepeso, pero que en el viejismo apunta a las personas que tienen mayor edad que uno, pero en especial a las personas de más de 60 años, consistente, por ejemplo, en pensar que la gente de más de 60 años es inútil, descartable, que no puede trabajar, que no se puede divertir, que no puede tener sexo, que no puede bailar, que no es una persona útil para la sociedad, y que es una carga, cuando claramente esto no es así, ya que una persona que llegó a los 60 años tiene la posibilidad de vivir casi tantos años como los que vivió de adulto, por lo menos, 25 o 30 años más. Es una persona que tiene mucho para dar”.

A su vez, el también psicogerontólogo Ricardo Iacub, refiere que “este tipo de discriminación, de abuso e incluso de violencia hacia las personas mayores, es poco reconocida socialmente, a diferencia de otras minorías que supieron reivindicar sus derechos y que en alguna medida las críticas, las burlas, las distintas formas de violencia cultural, estructura o directas que se profieren hacía ellos fueron siendo limitadas, lo que no ocurre con los mayores, ya que todavía hay una especie de aceptación de que viejos son los otros, o que es una enfermedad que se puede tener en algún momento, cuando en realidad es un período de la vida con situaciones positivas y negativas como otras, y que cuando hablamos de envejecer no estamos hablando de nada negativo, sino simplemente de un período que puede ser vivido de muy diversas maneras”.

A FAVOR DE LOS AÑOS

Tradicionalmente, se consideró que la vejez estaba asociada de manera casi exclusiva con pérdidas y déficits. Sin embargo, múltiples investigaciones han demostrado que en esta etapa vital también se presentan muchas ganancias, como por ejemplo que los niveles de regulación emocional, bienestar, satisfacción vital y felicidad, presentan valores más elevados en la vejez que en la mediana edad. Estos y otros hallazgos sobre aspectos positivos en la vejez han dado lugar al desarrollo de prácticas positivas, entendiéndose como tales las destinadas a promover el bienestar, en lugar de disminuir la patología o el sufrimiento.

No obstante, continúan manifestándose pensamientos y sentimientos negativos frente a alguien al que se le atribuye una determinada edad.

“Hay un viejismo explícito -sostiene Iacub- a partir del cual hay gente que considera que envejecer puede ser negativo, pensamientos atravesados por formas prejuiciosas que generan que la mirada que tengamos conscientemente acerca de los viejos sea mas negativa de lo que verdaderamente sucede. Por ejemplo, hay un reflejo que vemos en lo cotidiano al decir “qué joven estás” como si fuera un halago, expresiones que nos muestran el desprecio que hay a todo lo que refiere a la vejez, al deterioro y no al desarrollo que uno pueda alcanzar, a la desconsideración, al envejecimiento laboral”.

Por otro lado -añade el psicogerontólogo- está el viejismo implícito, que es más difícil de reconocer porque son prejuicios de tipo inconscientes. Por ejemplo cuando si se muestra una imagen de una persona mayor en una actitud sexual, muy posiblemente aparezca asociada la idea de ´viejo verde´, o cuando se le sigue agregando el mote de ´abuelo´ cuando algunos no lo sean. En definitiva, a diferencia de otras minorías, la burla contra una persona mayor se toma con naturalidad, lo que muestra que aún no tenemos defensas como sociedad frente a estos abusos y malos tratos, por lo que es un debate que nos debemos como sociedad”.

Fuente
EL DIA

Comparte en tus redes